Parte 1
El hombre más poderoso de los Altos de Jalisco se quedó paralizado cuando su hijo señaló a una mendiga llena de polvo y dijo que esa mujer era su madre muerta.
Don Julián Aranda caminaba por el centro de Tepatitlán con el sombrero bien puesto, las botas limpias y la mirada de quien estaba acostumbrado a que todos le abrieran paso. Era dueño de una hacienda enorme, de corrales con cientos de reses, de camionetas nuevas y de más tierras de las que podía recorrer en 1 día. En el pueblo lo saludaban con respeto, pero también con miedo, porque su apellido pesaba más que muchas firmas en una notaría.
A su lado iba Mateo, su hijo de 6 años, apretándole la mano con esos dedos pequeños que todavía olían a dulce de leche y tierra de patio. El niño miraba todo con atención: los puestos de fruta, los músicos en la plaza, las mujeres vendiendo tamales, los campesinos que salían de la farmacia y los camiones que levantaban polvo al pasar.
Julián, en cambio, pensaba en una compra de terrenos. Su compadre y socio, Rogelio Salvatierra, lo esperaba esa misma tarde para cerrar un trato que prometía hacerlo todavía más rico. Pero Mateo dejó de caminar de golpe.
Julián sintió el jalón en la mano y frunció el ceño.
—¿Qué pasa, mijo? Apúrate, tenemos prisa.
Mateo no respondió. Su cara se puso blanca. Sus ojos se clavaron en una mujer sentada junto a la pared descarapelada de una vieja tienda de abarrotes. Llevaba un rebozo roto, una falda manchada, el cabello enredado y los labios partidos por el sol. Tenía una lata vieja entre las manos y pedía monedas con una voz tan débil que casi se perdía entre el ruido de la calle.
La gente pasaba junto a ella sin verla. Algunos se apartaban como si su pobreza fuera contagiosa.
Mateo levantó el dedo, temblando.
—Papá… esa es mi mamá.
Julián sintió que el mundo se le hundía debajo de las botas.
—No digas eso —murmuró con dureza, aunque el color se le fue de la cara—. Tu mamá murió hace 3 años. Tú estuviste en el entierro.
Mateo negó con la cabeza. Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—No. Es ella. Yo sé que es ella.