«Aquí todos tienen que ganarse su lugar.»
La estocada de un hijo leal
El esposo no parpadeó. Su furia era fría y calculada. Se quedó completamente estático en su perfil, mirando a la mujer rubia con una decepción profunda. No iba a permitir que en su propia casa se tratara a su madre como a una intrusa que debía pagar su estadía con trabajo de limpieza. Con una voz firme que silenció la insolencia de su esposa, soltó su límite final.